Muy buen artículo sobre la participación de los oyentes de la radio en los distintos programas.
El oyente de radio: Esas orejas que hablan
¿Quién es el oyente o el radioescucha? ¿Qué función cumplen en esta radio de hoy? Para algunos estas orejas se segmentan según su poder adquisitivo y su capacidad de consumo. Para otros, el oyente es el gran objetivo a alcanzar para que una emisión sea realmente exitosa. Pero lo llamativo es cómo la figura del “oyente” hoy se ha convertido en muchos casos en la gran excusa, el invento más macabro para escudarse ante la falta de ideas, de creatividad, de trabajo y de una auténtica comunicación.
Resulta aún más llamativo cómo los oyentes o por lo menos aquellos que llaman, mandan mensajes o graban su voz en el contestador de la radio, se han transformado en productores de contenido (sin paga y sin formación) de una emisión radiofónica. Esos que se quejan, que piden canciones, que opinan de todo y de todos, ocupan muchas veces una enorme franja de aire. Se podrá sugerir que estamos en presencia de una radio participativa. Pero sería falso. En primer lugar porque la gran mayoría de los escuchas no están sentados al lado de un teléfono sino viviendo su vida cotidiana, con la compañía de la radio. En segundo lugar porque una radio participativa no es la que llena el vacío de propuestas con los oyentes “llamadores” sino la que, en su rol de comunicadora social, une lazos y hace participar a las personas, no tanto de la emisión de un programa de radio, sino en su rol de ciudadanos. Y en este punto nos detenemos para hacernos más preguntas. ¿Es participativa una radio que defiende los intereses de los grandes grupos de poder que alientan la pasividad de la población a través de la difusión de información sólo de carácter catastrófico? Cuando una población es invadida por mensajes desalentadores como las epidemias, los secuestros, las violaciones, los delitos de todo tipo y color, y cuando a esos hechos se les quita las causas que los generan y sólo se iluminan sus efectos devastadores ¿eso es participación o intimidación?
Resulta aún más llamativo cómo los oyentes o por lo menos aquellos que llaman, mandan mensajes o graban su voz en el contestador de la radio, se han transformado en productores de contenido (sin paga y sin formación) de una emisión radiofónica. Esos que se quejan, que piden canciones, que opinan de todo y de todos, ocupan muchas veces una enorme franja de aire. Se podrá sugerir que estamos en presencia de una radio participativa. Pero sería falso. En primer lugar porque la gran mayoría de los escuchas no están sentados al lado de un teléfono sino viviendo su vida cotidiana, con la compañía de la radio. En segundo lugar porque una radio participativa no es la que llena el vacío de propuestas con los oyentes “llamadores” sino la que, en su rol de comunicadora social, une lazos y hace participar a las personas, no tanto de la emisión de un programa de radio, sino en su rol de ciudadanos. Y en este punto nos detenemos para hacernos más preguntas. ¿Es participativa una radio que defiende los intereses de los grandes grupos de poder que alientan la pasividad de la población a través de la difusión de información sólo de carácter catastrófico? Cuando una población es invadida por mensajes desalentadores como las epidemias, los secuestros, las violaciones, los delitos de todo tipo y color, y cuando a esos hechos se les quita las causas que los generan y sólo se iluminan sus efectos devastadores ¿eso es participación o intimidación?






